El origen del anillo de compromiso y boda

En la sociedad actual, hay establecidas una serie de costumbres y rituales del matrimonio que son imprescindibles para afianzar la ceremonia de este importante paso en la vida del hombre. Muchos de nosotros desconocemos las raíces de estas costumbres, pero las seguimos llevando a práctica en una manera de seguir las tradiciones. Este artículo explica cómo la entrega del anillo o sortija de compromiso ha perpetuado hasta nuestros días, a pesar que su significado ha perecido, adaptándose a los tiempos modernos.

Resulta necesario remitirse al matrimonio primitivo para entender el origen del anillo de compromiso. Hasta el siglo XVIII, imperaba el matrimonio como fórmula de contrato económico entre las familias de los contrayentes. No importaba que la pareja no estuviera enamorada, es más, el amor era considerado pasión y no afecto como hoy entendemos. El matrimonio era un paso vital y trascendental, pues significaba el paso de un hogar, bajo el amparo paternal, al comienzo de otro nuevo, esta vez como progenitores de una nueva generación. Este paso tan cardinal se daba a través de un conjunto de ritos y ceremonias que tenían como fin la protección y bendición del nuevo matrimonio.

El acuerdo del matrimonio quedaba fijado a través de la imposición de un anillo a la futura esposa. Se desconoce la fecha de esta costumbre pero, según constata William J. Fielding, en su libro Curiosas Costumbres de Noviazgo y Matrimonio, el sellar el compromiso con un anillo es una costumbre muy antigua que procede de la arcaica tradición de entregar un anillo como señal de conformidad en todos los pactos sagrados o importantes. Esta afirmación queda ejemplificada en una cita que recoge dicho autor del génesis: y el faraón le dijo a José: “Mira, te hago virrey de toda la tierra de Egipto”. Y luego se quitó el anillo del dedo y se lo puso a José (Génesis Xli-41-42). Otro ejemplo de la importancia del anillo en las alianzas de poder lo encontramos en una escena de la película Ben-Hur, en la que el I cónsul de Roma  adopta como hijo a Judah Ben-Hur por medio de la entrega de su anillo, que era un escudo o sello que iba en el dedo meñique. Con este anillo sello, reservado a los altos poderes, firmaban los documentos de conformidad o contratos, a parte de reflejar supremacía.

De esta manera, la entrega del anillo se traduce en conformidad, en un “de acuerdo”. Otra cosa es el significado de su forma, de la que se contemplan varias teorías: el círculo simboliza la unión ininterrumpida, la unión eterna. Dado el sentido de esta forma, otros objetos han mediado en el enlace matrimonial, como el brazalete de cabello trenzado o los rizos encerrados en una cajita que se le obsequiaban a la mujer contrayente. Otra teoría es la que sostiene que los brazaletes con los que se encadenaban a las esclavas o mujeres capturadas, permanecían con ellas siempre. Estos brazaletes o grilletes, por tanto, entrañaban una muestra de sumisión y fidelidad al amo. Así, el anillo de compromiso evocaba a los grilletes. Hay unas frases en la palícula Madame de… que resumen muy bien el significado del anillo:

“-Al fin y al cabo, ¿qué es una alianza? Un anillo que encadena” (Madame de…, Ophüls, Francia, 1953).

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Y es que la obediencia al hombre, al esposo, primaba desde un principio en aquellos tiempos. De hecho, la posición del anillo en el la mano izquierda de la mujer significaba eso mismo (sumisión), mientras que el lado derecho simbolizaba el poder. En esta línea, la baronesa de Staff (Francia, finales s.XIX), en su libro La Elegancia en la Vida Social, describe el significado del anillo de compromiso como un “no me pertenezco”.

Respecto a la posición en el dedo, el anillo se instala en el dedo anular porque se decía que es en este por donde brotan las venas que conducen a la parte del cuerpo donde se esconde el amor y el honor. La mujer porta su anillo de compromiso en el dedo anular de su mano izquierda, mientras que el hombre lo lleva en su mano derecha. Siempre se ha dicho que hay que impedir llevar más de un anillo en la misma mano, sobre todo en la que se instala el anillo de compromiso, pues desdice su valor espiritual.

El protocolo, además, mandaba que  el primer anillo de un/a joven debía ser el anillo de compromiso. Sólo podía llevar, excepcionalmente, la sortija del escudo de armas (sello) en su dedo meñique, en la mano izquierda, en el caso de las mujeres, y en la mano derecha en el caso de los hombres.

Originariamente, el anillo se entregaba en la formalización del compromiso. Más tarde, se haría en las bodas.

El matrimonio como ceremonia celebrada en la Iglesia data del siglo XVI. Fue decretada en el Concilio de Trento (1563), el cual obligaba que tal ritual tenía que ser oficiado por un párroco o sacerdote y en presencia de dos o tres testigos. Antes de esta fecha, las bodas podían efectuarse por los mismos contrayentes, siendo un enlace válido y aceptado. Después, solía solicitarse la bendición de un sacerdote para bienaventurar el matrimonio, aunque no era una condición sinequanone.

Respecto a los materiales de fabricación, los primeros anillos que se han hallado estaban elaborados de hierro, bronce, cuero, madera y caña. Estos dos últimos materiales eran los más empleados en la Edad Media, dado los escasos recursos de la población. El oro estaba reservado a las familias más pudientes y la incrustación de piedras preciosas, como diamantes o brillantes, aparecerían con la eclosión del comercio de objetos artísticos. Lo cierto es que el anillo de diamantes es el que ha obtenido siempre mayor protagonismo en las clases más acaudaladas por la leyenda que giraba en torno a esta piedra, pues desde tiempos remotos se decía que el centelleo que produce esta piedra se debía a los fuegos de amor que tenía un alquimista, que quedaron atrapados en esta preciosa piedra.

Curiosas son también algunas supersticiones que envolvían al anillo de compromiso: las novias tenían el menor deseo de recibir un anillo de perlas, pues se contaba que acarreaban lágrimas durante el matrimonio, es decir, la desdicha. Y cómo no, estaba el fatal presagio de la pérdida del anillo, traducido en el declive del matrimonio

Es desde el siglo XVIII cuando se va imponiendo el matrimonio por amor gracias a las corrientes filosóficas basadas en las relaciones humanas. Este nuevo modo de pensamiento elevaba a la mujer, aunque paulatinamente, a la categoría de ser humano con aptitudes. No hay que olvidar que la mujer estaba, hasta entonces, destinada a la mera función reproductora y servil. Mucho tendría que transcurrir hasta equiparársele a la figura del hombre, pero es en esta época cuando la mujer comienza a tener decisión en la elección del matrimonio. Surge, así, el matrimonio por amor, que es el que predomina actualmente en occidente. El anillo de compromiso mantiene el significado del unión eterna, pero va perdiendo ese componente de contrato económico y de obediencia al marido.

Más tarde, el anillo se convertirían en un elemento indispensable en los enlaces nupciales y se impondría tanto al hombre como a la mujer como seña de pacto amoroso por ambas partes.

© Noelia Tari

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