Entradas con la etiqueta ‘protocolo niños’
Los niños en un acto social y en cenas formales
.
Muchos padres se han preguntado qué hacer con los niños en un acto social cuando reciben la invitación impresa. No nos referimos a dónde dejar a los niños, sino a la conveniencia de llevarlos a la cita o no.
No son escasos los padres que se toman como ofensa que en una invitación no figure el nombre de los hijos o simplemente “Señor, señora e hijos”, ni tampoco lo son aquellos que deciden llevarlos a casa ajena aun sabiendo que no es lo correcto. Recuerdo una escena muy graciosa y, a la vez, muy representativa, de la serie La que se avecina, en la que los señores apodados como “cuquis” se presentan en la casa del matrimonio joven con todo el séquito de críos para cenar ante la mirada atónita de los anfitriones. Estos casos se deben evitar a toda costa por tres motivos elementales que jamás deben olvidarse:
.
- El buena anfitrión calcula la comida a servir previniendo, siempre, que nunca falte: “más vale que sobre que falte”.
- Hay que atenerse a una regla de urbanidad muy básica que es: “donde no seas invitado, no vayas”.
- No llevaremos niños a ningún acto nocturno, pues les entra sueño y esto puede perturbar la velada.
.
No es necesario hablar de los posibles destrozos de figuras, alboroto y ruidos que puedan ocasionar. Hay restaurantes, de hecho, que no permiten niños por estas razones, sobre todo aquellos de ambiente sosegado pensados para disfrutar de reuniones tranquilas.
.
Los niños tampoco deben asistir a una boda nocturna, a pesar que esto no se cumple en nuestro país y las bodas se convierten en auténticas jaranas. Cuando asistamos a una boda nocurna, buscaremos un familiar, una cuidadora o unos amigos de confianza que se queden esa noche con los niños. Si la boda se celebra por la mañana, sí son admisibles los pequeños. En este caso, procuraremos adaptar su indumentaria a la etiqueta que el acontecimiento exige, del mismo modo que lo hacemos con nosotros mismos.
.
La boda de alguien de gran confianza, las procesiones y las reuniones familiares en torno a la mesa en días señalados son de los pocos actos formales a los que pueden asistir los niños. En los demás actos de etiqueta (repeciones, festivales benéficos, conciertos de ópera, cenas de gala, etc.) no deben acompañarnos porque, además, suelen tener lugar por la noche.
.
REUNIONES EN LA MESA CON NIÑOS: almuerzos y cenas
.
Las premisas antes mencionadas dejan de ser estrictas cuando las reuniones se producen en un círculo de confianza, ya sean amigos o familiares. Esto es así porque, entre otras cosas, si los niños comienzan a agarrar objetos, arañar los sillones o a hacer cualquier otra travesura, los familiares o amigos de los padres, en razón de la confianza que hay entre ellos, están autorizados para amonestar a los niños si los padres no presencian estas trastadas. De otro modo, si llevamos a los niños a casa de algún compañero de negocios o de una persona menos afín, ésta se verá sometida a una situación de intranquilidad sin merecerlo; por eso, y por una cuestión de respeto y decencia, debemos evitar estas situaciones siempre.
.
Hay que aleccionar a los niños unas normas de comportamiento en la mesa que, aunque parezcan muy rígidas, son de lo más básicas para desenvolverse con dignidad en la sociedad. Desgraciadamente, muchos padres las ignoran por completo o no se molestan en enseñar ciertos modales por desidia o desinterés. Sentarse a la mesa no es sólo comer y nutrise. No hay que olvidar que la comida en torno a la mesa es un ceremonial ancestral que tiene como fin el acto de compartir con los seres queridos; y no sólo se comparten los alimentos, sino también las experiencias, con la conversación. La mesa une y, por lo tanto, precisa un comportamiento alrededor de ella, unas pautas o un protocolo, que son esenciales imbuir a los hijos desde que son pequeños. Un niño bien educado se distinguirá del resto y tendrá más oportunidades en el futuro que otro malcriado.
.
Hay que controlar mucho las siguientes normas para estar en la mesa. Son las principales que marcan una buena educación para el presente y para el futuro, y nunca se olvidan:
.
- Adoptar una postura que no moleste a los de al lado.
- No sentarse de costado ni recostado.
- No cruzar las piernas ni los pies.
- No apoyar los codos en la mesa, pero siempre tener los brazos delante apoyando sólo los antebrazos.
- No poner los pies sobre los barrotes de las sillas.
- No jugar con los cubiertos ni con cualquier cosa. Mucho menos con el cabello.
- Sentarse cuando le indiquen su sitio.
- No entrometerse en conversaciones de los mayores.
- Si hay alguna parte de la comida que no le guste, acostumbrarle a no hacer nunca muecas de asco. Se apartará dicha parte a un lado sin más.
- Aprender a utilizar los cubiertos. No mantener el cuchillo con la punta hacia arriba.
- No comer con la boca abierta.
- No hablar con la boca llena.
- No pasar el brazo por enmedio de la mesa y mucho menos sobre el espacio de un comensal. Si no alcanza la jarra de agua o el salero, que lo pida al compañero.
- No comer con glotonería. Enseñarles que no hay prisa. Esto suele molestar mucho a los demás porque puede denotar avaricia.
- Pedir las cosas con un “por favor” y después dar las gracias.
.
Todos los niños deberían aprender estas normas y las demás de los mayores al igual que aprenden las distintas lecciones en la escuela a lo largo de su enseñanza de forma gradual.
.
Si el matrimonio invitado tiene hijos pero éstos ya no son tan niños, podrán acompañarles sólo cuando sean mayores de edad, tengan gran confianza con los anfitriones y hayan sido manifiestamente invitados.
.
Los hijos de los anfitriones
.
¿Y los hijos de los anfitriones? Si a los invitados no se les permite llevar niños, los hijos de los anfitriones tampoco se admiten en este tipo de reuniones. Tan sólo se dejarán ver para saludar a partir de cierta edad, desde los siete años, generalmente.
.
Antiguamente, se recurría a los niños de la casa para emplearlos, durante las visitas, como ayudantes en algunos menesteres delicados, como era, por ejemplo, el acompañar a los invitados a la puerta a la hora de irse si había más invitados a los que los anfitriones no podían desatender. En la actualidad, no se encomiendan estas misiones a los niños porque no son estrictamente necesarias. Sin embargo, sí pueden echarnos una mano para poner la mesa o para preparar el aperitivo.
.
Si tenemos una cena formal en casa, los niños con una edad hasta seis o siete años no deben aparecer durante la estancia. Dormirán en casa de un familiar, de un amigo de confianza o estarán en su cuarto o zona de juegos con una cuidadora. No cenará con los invitados bajo ningún concepto.
.
Desde los siete a los dieciocho años, si están en casa, saludarán a los invitados a su llegada pero se marcharán a su cuarto o a una sala propia. Tampoco cenarán con los invitados. Cuando se vayan a dormir, los chicos se despedirán de los invitados, pues cuando éstos últimos se marchen, ellos ya estarán durmiendo.
.
Los hijos mayores de edad están calificados para relacionarse con el círculo de los padres, pero sólo cenarán con ellos cuando se conozcan suficientemente. A la llegada de los invitados, saludarán cordialmente. No se sentarán con los invitados en la mesa y ni mucho menos estarán presentes en la tertulia del café, pues el momento de confidencias por excelencia.
.
RESERVAS CUANDO VAMOS DE VISITA CON NIÑOS
.
Aunque las personas a la que vayamos a visitar sean de gran confianza, tenemos que tenerles consideración e intentar no prolongar mucho a visita si vamos con varios niños. Podemos pensar que a los anfitriones no les importará porque tenemos lazos fraternales, pero el alboroto que pueden provocar los críos seguramente les incomode. Es muy importante ponerse en la posición del otro y reflexionar que, aunque nosotros estamos acostumbrados, ellos quizás no.
Si se va a visitar a un anciano, también hay que intentar acortar el tiempo de visita, respetando su condición de persona susceptible a los ruidos y a la algazara. Lo mismo decir respecto las personas enfermas, lábiles y sensibles a todo tipo de bullicios.
Si se trata de un hijo mayor de edad, podrá asistir a todos los acontecimientos siempre que sea convidado. Sea cual sea el contexto de una reunión, se harán las presentaciones oportunas: Los padres, al presentar su hijo a unos amigos, dirán “Mi hijo Manuel”, por ejemplo; y después, harán lo mismo con los amigos, diciendo: “Mi amiga María del Carmen y su esposo Alfonso” . Hay que tener muy en cuenta que, cuando se presenta a alguien, nunca se le presenta con el Don, señorita o señor/a, simplemente se dice el nombre, el nombre y los apellidos o el nombre, apellidos y cargo o distinción.
.
.
CONSEJOS SOBRE LA INDUMENTARIA DE LOS NIÑOS
.
El vestido puede convertirse en un asunto ampliamente discutible porque la moda ha impregnado los estantes de la ropa infantil, algo impensable hace pocas décadas. Por otro lado, en el caso de las niñas, el concepto de belleza es muy distinto en España y en Sudamérica. Aquí, en España, se mantiene la efigie cándida de las niñas hasta los once o doce años, mientras que en Sudamérica se tiende a realzar la hermosura de las niñas a expensas de maquillajes, peinados y vestidos aquí impropios de una criatura. Así, mientras en España y en gran parte de Europa son impensables los concursos de belleza infantil, en el otro lado del Atlántico éstos proliferan desde hace años.
.
Desde luego, la idea de belleza en Europa y en América Latina es prácticamente opuesta: aquí siempre ha causado rechazo que las niñas destaquen sus atributos femeninos, pues la verdadera belleza reside en la naturalidad y en la inocencia que años más tarde ya no tendrán, ¿por qué desposeer estas cualidades propias de la edad? ¿Luego no nos esforzamos por parecer más jóvenes? Estos interrogantes, que son puras paradojas, nos las hacemos en Europa.
.
Para vestir a una niña con motivo de un acto social, hay que apostar por la sencillez y por la pulcritud. Los
colores no deben ser más de tres y estos combinarán armoniosamente. Los vestidos y las faldas deben alcanzar las rodillas y el talle no se marcará hasta los doce años de edad. El abrigo será de lana y no dejará asomar el vestido o la falda por debajo. Las formas del vestido deben ser rectas, sobre todo para no dejar notar el incipiente pecho a partir de la pubertad que tiene lugar entre los diez y doce años.
Deben llevar hecho un peinado bonito y se admiten, perfectamente, adornos de cintas en la cabeza o pequeños sombreros para el exterior.
Jamás llevarán laca de uñas, maquillaje ni alhajas; sólo pendientes y alguna cadenita o pulsera regalada en la primera comunión.
.
Los niños asisten a un acto formal con traje de chaqueta beig o gris con camisa y con jersey fino de lana encima (si hace fresco). Llevarán camisa blanca para las celebraciones religiosas y corbata a partir de los ocho años de edad.
.
Tanto los niños como las niñas, jamás llevarán manchas de tinta ni de rotulador en las manos ni las uñas sucias. Tampoco vestirán de negro a no ser que se trate de un funeral. Podrán vestir de negro desde los dieciséis años.
.
Las adolescentes:
.
A partir de los diez o doce años comienza a desarrollarse el pecho de las chicas. Entre este intervalo y los catorce años, se recomienda que no asistan a un acto formal con vestidos estrechos o escotes, apostando por las formas rectas. Siempre usarán medias.
Hasta los dieciséis años no deben lleven llevar zapatos de tacón, maquillaje, perfumes, laca de uñas o cualquier elemento que evoque a la mujer. De no ser así, darán una imagen extravagante. Aunque desesperen, hay que hacerles entender que tienen toda una vida por delante para lucirse. Ni qué decir que no irán acompañadas de un chico hasta que sean mayores de edad, reitero, en actos sociales.
Respecto a las alhajas, entre los doce y dieciséis años, se permiten las siguientes: gargantilla de oro, reloj de pulsera, cadenita de oro con medalla, pulsera de oro y ningún tipo de anillo, salvo un escudo de armas en el dedo meñique de la mano izquierda. El primer anillo que una chica se pone es el de prometida o el de los esponsales.
.
Los adolescentes:
.
A los chicos adolescentes hay que convencerles que cuiden su aspecto y su higiene personal, sobre todo entre los trece y los dieciséis años, edad en la que está proliferando el bello y la actividad apocrina.
El único aderezo que podrán llevar es un reloj y, al igual que las chicas, no llevarán ningún anillo, salvo el escudo de armas si lo tuvieran.
.
