La urbanidad en la mesa

..

La urbanidad es un término que ha ido desapareciendo poco a poco del lenguaje popular, sobre todo desde su supresión en los programas educativos. Quién nacido en la década de los cuarenta o cincuenta no recuerda las lecciones, tratados, reglas y multitud de nombres precedidos de la palabra Urbanidad impartidos en las escuelas. La mano que escribe estas líneas no había nacido, pero se ha tomado la molestia de inquirir en muchos libros qué normas han permanecido y qué otras tantas se han borrado en el proceder de las comidas y cenas de la más alta etiqueta, que es donde se demuestra el protocolo con todo su esplendor.

La página www.normasdeprotocolo.com es, ante todo, un espacio de artículos prácticos destinada a aquellas personas educadas y ajenas a la crisis de valores que estamos viviendo. La urbanidad, decían, es el arte de querer y ser querido; es la ciencia de las buenas maneras o del buen comportamiento, cuyo fin es, en definitiva, labrar una convivencia agradable en la sociedad. El dar ejemplo es sumamente importante porque influye en el aprendizaje por imitación. Por ello, es esencial que a los niños se les inculquen las pautas de comportamiento en la mesa, ya que de comer como personas a comer como bestias hay un escaso paso. Además, cuando en algún momento de la vida toca compartir mesa con personas insignes o importantes, surgen multitud de interrogantes sobre cómo hay que hacer una cosa u otra. Esto es natural que ocurra, pues el protocolo en comidas o cenas formales es más estricto que el que se precepta en usos cotidianos.

La asignatura olvidada de Urbanidad ha ocasionado, sin duda, una pérdida de noción de lo importante que es la buena conducta en todos los órdenes de la vida, en el que se incluía el comportamiento en la mesa, el saludo, el juego o el cómo dirigirse por la calle. Su categoría dentro de la educación española era tal que, muchas veces, se estudiaba como las leyes, de manera exhaustiva y artículo por artículo.

La urbanidad practicada en la mesa surge en el siglo XVI, momento en el que comienza a generalizarse el uso de los cubiertos para agarrar los alimentos. Antes de esta fecha, la gente corriente los se asía con las manos, salvo algunas familias aristocráticas que gozaban de todas las novedades importadas en materia del servicio de mesa.

A partir de este momento, se irían afianzando las costumbres que se disponen actualmente. No obstante, hay que señalar que algunos formalismos se han extraviado, muchos de los cuales los tomaríamos hoy como ridículos. Por ejemplo, antiguamente, en las comidas o cenas de etiqueta (o formales), había que dirigirse de dos en dos hacia el salón donde iban a tener lugar las viandas. Primero entraba el anfitrión con la señora invitada de mayor rango; después la anfitriona con el señor de mayor rango, y así, de mayor categoría (por renombre o por edad) a menor categoría y siempre una mujer del brazo de un hombre.

Sobre la distribución de los invitados en la mesa hay un recio protocolo del que hablaremos en el siguiente artículo. Antes, resultaba sencilla la colocación en la mesa, ya que el puesto, normalmente, se indicaba con una tarjetita sobre el plato. Actualmente, esta rectitud no se estila debido, entre muchas causas, a que no contamos con el servicio doméstico como podía hacerlo la clase media de hace seis décadas.

.

El comportamiento en la mesa

.

El comportamiento en la mesa pone de manifiesto la instrucción y educación de una persona, como perfectamente se explica en este fragmento de un libro de Primera Enseñanza del año 1915:

.

Mencionamos las normas de comportamiento o de urbanidad elementales:

- Nos sentaremos en la mesa una vez nos hayan indicado qué puesto ocuparemos. Primero lo harán las mujeres y después los hombres. El orden, a su vez, se efectuará atendiendo a las edad: primero los mayores y por último los niños.

- Comenzaremos a comer cuando la anfitriona despliegue su servilleta. Recuerden que ésta la desdoblaremos y la extenderemos sobre nuestros muslos. La usaremos sólo para limpiarnos la boca, nunca los cubiertos.

- No empezaremos a comer hasta que todos los invitados estén servidos. Si hay bandejas de comida sobre la mesa (actualmente es lo habitual en toda casa), se servirá primero los invitados y después lo anfitriones. Si no disponemos de personal de servicio, lo ideal es que sean los anfitriones los que sirvan, como señal de condescendencia.

- Cuidaremos nuestra postura, procurando permanecer rectos. Los codos no hay que separarlos mucho del cuerpo para no causar molestias a los vecinos de mesa. Tampoco los apoyaremos sobre la mesa; tan sólo dejaremos sobre ella la mitad de los antebrazos o las muñecas.

- No pondremos los pies sobre los barrotes de las sillas.

- Al servicio hay que ir antes de sentarse o una vez concluida la comida.

- Intentaremos no manchar los manteles, pues un mantelería de una buena tela y sublimes bordados saben bien lo valiosos que son.

- El pan está situado a la izquierda del comensal, sobre un platillo de porcelana o de metal. Se dejará un cuchillo pequeño a la derecha del pan, también encima del plato y con el filo hacia fuera. El pan se parte con la mano, trozo por trozo. Cuando partamos una porción, devolveremos el pan a su platito. El cuchillo del pan lo emplearemos sólo cuando queramos hacer rebanadas para untar mantequilla, paté o queso cremoso. En tal caso, una vez hechas las rebanadas untadas, nos las llevaremos a la boca con la mano izquierda.

Hay que dilucidar que el cuchillo de la derecha del pan se utilizará exclusivamente  para cortarlo y no para untar en él complementos. Cada complemento  llevará su correpondiente cuchillo-pala para untar.

El motivo o la razón de que el pan quede situado a la izquierda es porque a la derecha tendremos las copas que, en realidad, parten del el centro a la derecha. También porque las rebanadas quedarán más accesible a la mano izquierda, mano con la que se agarrarán, como hemos dicho.

- La copa se agarra por la columnilla o espiga, siempre con estos tres dedos: pulgar, corazón o cordial e índice.

- Cuando bebamos, miraremos la copa o el vaso de la que estamos haciendo uso. No observaremos a nadie ni tampoco miraremos a otro cuando beba. ¿Por qué este mandamiento? Pues por el sencillo motivo de evitar derrames de los líquidos, sobre todo de vino, cuyas manchas son tan fastidiosas.

- El agua debe contenerse en una jarra de cristal. Si ésta se encuentra en un lado de la mesa que no alcanzamos, la pediremos al vecino de mesa. Esta regla es aplicable con todo lo que quede lejano nuestro: jamás pasaremos el brazo delante de un comensal.

- Siempre que bebamos de cualquier tipo de copa o vaso, nos limpiaremos los labios antes y después de esta acción.

- Es de mal gusto dar sorbos, olfatear la comida, soplarla, hablar con la boca llena, reírse a carcajadas y hablar en tono alto. También es muy indecente comer muy deprisa y muy despacio, comer del cuchillo, empujar la comida con el pan o volcar el plato para arrastra la sopa a un lado.

- No verteremos una opinión sobre la comida a no ser que los anfitriones nos pregunten. Por supuesto, si lo hacen, contestaremos con una respuesta halagadora.

- La sal no debemos tocarla con los dedos. Si está contenida en un recipiente sin dosificador, la serviremos con una cucharilla o con la punta del cuchillo si éste está limpio.

- No nos llevaremos a la boca grandes bocados, ya que refleja un acto de glotonería.

- Si hay necesidad de toser o estornudar, nos giraremos disimuladamente hacia un lado.

- En la mesa no se hablará de temas de política, religión, enfermedades, muertes o desgracias.

- Para trinchar o servir no hay que ponerse de pie.

- El cuchillo estará situado a la derecha del plato y se utiliza para cortar y para empujar los alimentos al tenedor.


- Para comer carne, cortaremos cada vez el trozo que nos vayamos a comer utilizando tenedor y cuchillo. Una vez tengamos partido un trozo, nos lo llevaremos a la boca con el tenedor, agarrado con la mano izquierda.

- Si no hay que cortar ningún alimento ni se precisa el cuchillo para ayudar al tenedor, en este caso sí tomaremos el tenedor con la mano derecha. Así, por ejemplo, la ensalada no requiere cuchillo pero, sin embargo, la paella sí, porque en ella hay carne, pimiento, etc. que implican el uso del cuchillo.

- El cuchillo de pescado, con forma de pala, está colocado a la derecha del plato y sirve para separar las espinas.

- No se atenderán llamadas de teléfono móvil en la mesa. Se procurará apagarlo, pero si esperamos una llamada importante, nos alejaremos de la mesa para hablar.

- La señal que indica que hemos terminado un plato queda manifiesta en la posición de los cubiertos: cuando los ponemos sobre el plato con los mangos mirando hacia nosotros significa que nos lo pueden  retirar.

- Al terminar de comer, no hay que acercar la silla a la mesa. En los restaurantes, la silla hacia adentro de la mesa, rozando el mantel, significa que esa mesa está libre.


.
Cómo comer ciertos alimentos

.

Existe controversia sobre cómo hay que comer ciertos alimentos, sobre todo los que presentan dificultades para su seccionado o agarre con los cubiertos. El protocolo no prohíbe nada, porque no es un compendio de leyes, pero sí preceptúa cómo hay que conducirse de manera ortodoxa. Lo que ocurre es que, muchas veces, las normas se ignoran intencionadamente cuando se antepone lo gratificante de comer. Por ejemplo, es fácil encontrar gente que jamás rehusaría comer chuletas con las manos por el placer que le produce comer, según ellos, cómodamente. Pero lo cierto es que, cuando uno se acostumbra a emplear correctamente los cubiertos, no regresa al antiguo modo porque se percata de lo relajado y agradable que es el no mancharse las manos.

Comer los las manos se considera indecoroso si los alimentos que vamos a agarrar manchan los dedos. De esta forma, se debe hacer un esfuerzo en utilizar los cubiertos cuando comamos carne provista de hueso, el cual nunca nos lo meteremos en la boca.

En el caso del marisco, hay extendida una gran discusión sobre cómo hay que comerlo. Partiendo de la regla que establece que no debe tocarse nada que ensucie, es obvio que se deben emplear los cubiertos.  Pero, puesto que a veces resulta muy difícil o casi imposible seccionar estos crustáceos, aconsejamos que se utilicen los cubiertos hasta que sea imposible partirlos, momento en el que emplearemos las manos.
Cuando se perciba la posibilidad de tener que utilizar las manos para comer, se pondrán lavadedos o toallitas limpiadoras para eliminar los olores que produce el marisco.

Las ostras se comerán con cucharilla de ostras o con la mano izquierda.


Las aceitunas, frutos secos y cerezas se pueden comer con la mano. Si los frutos secos son nueces o almendras, nunca hay que partirlas con los dientes, sino con un cuchillo o un cascanueces.

Las uvas se cogen del racimo y se lavan en un recipiente con agua colocado al lado del comensal. Antiguamente, había un cubierto especial para desenganchar cada grano de uva de su racimo pero no era más que una bagatela, pues de las uvas sólo puede ensuciar el polvo que las recubre cuando están recién recolectadas o expuestas al aire.

Las pepitas y pieles de cualquier fruta se depositan a un lado del plato.

Las piezas de fruta como manzanas, peras, plátanos, naranjas, se deben mondar con cuchillo y tenedor. Las mandarinas se pelan con una cucharilla.

El jamón y los entremeses en general pueden cogerse con las manos.

Las patas de pavo, pollo o de cualquier ave sólo se agarrarán con las manos si cuentan con manguitos, que son las fundas que se colocan en cada una de las patas de las aves, con dos funciones: adornar y proteger las manos de las manchas. Suelen ser de papel y de color blanco.



.

2 comentarios para “La urbanidad en la mesa”

  • pilar Lázaro:

    Lo encuentro bien expuesto y con pecisión. Toca los puntos más elemantales que deben observarse en la mesa, tanto en familia,como fuera de casa. Si en casa no se hace, fuera no se sabe hacer poro tener el hábito

  • pilar Lázaro:

    Lo encuentro bien expuesto y con precisión. Toca los puntos más elemantales que deben observarse en la mesa, tanto en familia,como fuera de casa. Si en casa no se hace, fuera no se sabe hacer por no tener el hábito

Deja un comentario

Current ye@r *