Archivo de Abril de 2011

Cómo atender a los invitados de forma correcta

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No podemos afirmar que haya un protocolo en las visitas en sentido estricto. Lo cierto es que, en la actualidad, confluyen las normas estrictas de antes, aplicadas las altas esferas sociales, y la naturalidad e improvisación, resultado de la permisividad que ha originado la vida moderna. No es fácil explicar a fondo esta situación: resulta que, si se perpetúa el protocolo tradicional en las visitas, se peca de adoptar posturas sexistas, aparte de parecer anticuado en la manera de proceder. Por ejemplo, hoy en día es inadmisible destinar a la mujer el papel de enaltecedora en la conversación, sin posibilidad de abordar temas trascendentales. También resulta difícil de digerir  que, en una presentación de un matrimonio, primero se tenga que designar al hombre o que las visitas de soliciten por carta. Como estos ejemplos hay muchísimos más que forman parte de las normas de protocolo vetustas y en desuso.

No quiere decir que el protocolo tradicional sea machista, que no es lo mismo que sexista; de hecho, en las visitas se favorecía siempre a la mujer: era la primera que entraba y la primera que salía; se le cedía el asiento; decidía cuando irse el matrimonio; la anfitriona rendía los honores, etc.

La mujer en la cultura occidental  era considerada esa dama por excelencia, concepto que  hoy se ha perdido. Los vestigios de este trato galante hacia las mujeres los encontramos en unas cuantas acciones, como aquellas en las que el hombre le abre la puerta a la mujer, la acompaña a su asiento en un restaurante, pasa detrás de ella al atravesar una puerta, etc. Mucha gente tilda estos gestos de conservadores y anticuados pero, sin embargo, a las mujeres nos encantan. En definitiva, no hay un consenso entre el protocolo tradicional, elegante y cortés, y el moderno, más flexible e igualitario entre sexos.

La autora de este artículo piensa que, en virtud de la naturaleza de cada sexo, hombre y mujer desempeñan un papel distinto en las relaciones sociales, y lo iremos viendo en el artículo del saludo. ¿Esto quiere decir que hombre y mujer merecen un trato diferente? La respuesta la hallarán en otra pregunta que les formulo: ¿Saludarían a una mujer con una palmada en la espalda?

El protocolo en las visitas se ha difuminando, pero es de obligado cumplimiento mantener las buenas maneras, la cortesía y la hospitalidad. Vamos a poner el supuesto de una visita a una casa donde reside un matrimonio y su hijo y enunciaremos las reglas o máximas que han de seguir los anfitriones (dueños de la casa) así como los invitados.

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MÁXIMAS DE LOS ANFITRIONES:

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-  Si la visita está prevista, el anfitrión debe preparar una sala confortable para reunirse con sus invitados. No olvidemos que la calidez y funcionalidad de una sala es muy importante para sentirse agusto.

-  Se abandonarán las tareas que se estaban realizando, salvo que el visitante sea un amigo o pariente de tal confianza que el protocolo quede prescindido. Las visitas merecen que le dediquemos tiempo.

-  Una vez los invitados llaman a la puerta, serán los señores de la casa o el personal de servicio quienes tienen que recibir a los huéspedes, conduciéndolos  al lugar donde vayan a reunirse.

-  Los anfitriones acompañarán a sus invitados a la sala, abriéndoles las puertas delante de ellos y pasando los últimos. Recuerden que no siempre los invitados son de plena confianza como para conocerse los derroteros de la casa. Antiguamente, la operación de abrir las puertas estaba asignada a los hombres. El ama de la casa también lo puede hacer, pues se trata de un acto de cortesía muy acertado.

-  Se le cederán los asientos más confortables a los invitados: en primer lugar a las personas de más edad y en segundo a las mujeres. Tienen menor preferencia las personas jóvenes dado su mayor vigor físico y los anfitriones, pues si misión es hacer sentir cómodos a sus invitados.

-  Si la visita se produce sobre las cinco de la tarde, se servirá café o té acompañado de pastas, galletas o dulce en general. Si es a las siete u ocho de la tarde, lo más correcto es poner un refrigerio o aperitivo junto con refrescos, cerveza o bebidas con alcohol. Hoy en día se perdona un aperitivo o una cena fría improvisada, pues la organización rápida de la vida moderna ha impulsado este estilo y la sociedad prácticamente ya está acostumbrada él. Atrás quedan aquellas cenas estrictamente organizadas en una visita normal, con tarjetas que indicaban la posición en la mesa y otros tantos pormenores. Ahora prolifera más el self service o cóctel, más cómodo y versátil.

-  Si en la casa van a congregarse diversos amigos que se desconocen entre ellos, es deber de los dueños de la casa presentarlos.

-  Una premisa muy importante en la presentación: primero se nombra a la persona presentada. Por ejemplo, el dueño de la casa dirige a su prima adonde está el amigo al que le quiere presentar  y le dice: “Tengo el honor de presentarte a  Julián”. El designado se inclinará ligeramente como asintiendo y también lo hará la prima del dueño. Seguidamente, ella dice su nombre o es el dueño quien lo hace.

-  Entre hombres, la presentación será sencilla. Se limitará a nombrar a los dos caballeros. Por ejemplo, el dueño de la casa conduce a su amigo donde está otro al que le quiere presentar y dice: “Juan Carlos, Alfonso”.

-  La conversación entre  dos personas recién conocidas la iniciará la persona de más edad. En el caso que entre las dos personas haya una mujer,  se le cederá a ella el honor de iniciar la palabra.

-  Si los dueños de la casa tienen un hijo y le quieren presentar a un amigo, dirán: “Mi hijo Samuel”, por ejemplo. El niño no debe dar la mano a no ser que haga el ademán la persona presentada.

-  Los anfitriones procurarán interesarse por la salud y el trabajo de sus invitados, jamás despreciando el oficio de la otra persona. No se debe hablar de temas capaces de generar ambientes de tensión, tales como la política o la religión, sobre todo en la mesa.

-  Cuando los invitados decidan marcharse, los anfitriones deben levantarse también y acompañarles nuevamente hacia la puerta o hacia la escalera, agradeciéndoles la compañía y tertulia tenida.

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MÁXIMAS DE LOS VISITANTES:

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*  Nunca debe hacerse una visita repentina por la mañana pues, aunque los dueños no trabajen, son horas de descanso y de menesteres de la casa (limpieza, compra, etc.). Lo más apropiado es solicitar permiso para visitar y, una vez se haga, el dueño señalará los días y horas más convenientes.

*  Nunca visitaremos a la hora de comer o de cenar sin antes avisar a los dueños, pues éstos se sentirán importunados por no haber preparado comida de más.

*  Tradicionalmente, era habitual que los invitados a una comida o cena portaran un ramo de flores o un centro de mesa floral para la casa. Este gesto se ha sustituido por el de llevar una botella de vino. Independientemente del regalo que se lleve, es un acto de cortesía magnífico prevenir estos detalles.

*  Si el visitante lleva a un desconocido, es necesario que lo comunique antes a los anfitriones de la casa para no causarles sobresaltos al verlo.

*  Al entrar en la vivienda, depositarán abrigos y paraguas en el recibidor, así como objetos perturbantes, como bolsas u otros.

*  El saludo irá seguido de preguntas relacionadas con el estado de salud de los anfitriones y de su familia, sobre todo si hay algún pariente que atraviese un estado de salud delicado.

*  No se deben entrar perros u otros animales a casa de otros sin el consentimiento previo de los anfitriones. Tengamos en cuenta que hay personas a las que precisamente no les apasionan los animales.

*  Respecto la duración de la estancia, hay que saber retirarse a tiempo. Si se tiene poca confianza, la duración de la visita ha de ser corta. Lo mismo se puede decir de una familia grande que pueda causar molestias a los dueños. Sólo si estos últimos ruegan alargar más la estancia, la familia visitante la prolongará más.

*  Si permaneciendo en el salón entra otra visita, no se debe uno levantar inmediatamente para marcharse porque da la impresión de huída hacia los que han entrado.

* Si estando de visita llega otra visita, hay dos maneras de actuar, una para los hombres y otra para las mujeres.

1) Hombres: Se levantarán del asiento para recibir y saludar, sea a hombres o a mujeres. No se sentarán hasta que los nuevos invitados lo hagan.

2) Mujeres: Sólo se levantarán del asiento si las que llegan son mujeres. No se sentarán hasta que los invitados lo hagan.

*  En la situación opuesta, si se llega a una casa y hay varias visitas, se saludará detenidamente a los señores y después al resto de personas de manera general, con un “Señores, muy buenas tardes (o noches)”.

*  Aunque hayan coincidido con otras personas desconocidas en la visita, muéstrense cercanos y afables, sobre todo por respeto al anfitrión, que se sentirá muy comprometido si se produce alguna disputa. En el caso que se coincida con enemigos, serán los primeros visitantes los que se levanten y se marchen,  pues si continúan juntos seguramente salten chispas. El anfitrión quiere estar con todos pero a la vez no desea momentos embarazosos.

*  Queda sobresabido que se controlará a los niños. Hay que evitar desbarajustes en casa ajena.

*  No se fumará sin permiso. No se ensuciará ni se podrán los pies en sitios indebidos. Mantendremos la urbanidad en todo momento.

*  A la hora de marcharse, el protocolo tradicional manda que, en el caso de un matrimonio, la mujer de la orden de irse levantándose del asiento.

*  Cuando otros visitantes abandonen la casa, nos levantaremos a la vez que ellos como señal de cortesía aunque nos vayamos a quedar más tiempo. Los dueños de la casa serán los que los acompañen a la puerta.

*  A la hora de irnos, nos despediremos cortésmente mostrando el agradecimiento por el trato recibido y por la confortable velada.

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© Noelia Tari



Consejos de imagen para la puesta de largo

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Como hemos explicado en el artículo que precede a éste ¿Qué es la puesta de largo?, la puesta de largo es un evento muy especial para las jóvenes, pues significa la entrada en sociedad y la consagración como señorita. En EEUU, este aconteciemiento se celebra cuando las jóvenes cumplen dieciséis años, edad en la que se consideraba culminada la adolescencia. En Europa, sin embargo, se conmemora a los dieciocho años, coincidiendo con la mayoría de edad.

La puesta de largo no sólo consiste en un baile de sociedad en la que la protagonista luce su primer vestido de etiqueta, sino quie va mucho más allá: la joven se convierte en una señorita con todos los requisitos que ello implica. Quizá este término hoy en día resulte anticuado, pero se trata de su significado más fiel. Tradicionalmente (nos remontamos cincuenta años atrás), estas fiesta eran recurrentes en casi todas las familias pudientes. En este día tan señalado, la muchacha no solo asistía a su primer baile, sino que también estrenaba perfume por vez primera, pues estas fragancias estaban reservadas sólo para señoritas y señoras dado el alto componente de feminidad que entrañaban. Hoy, resultaría ridículo poner estas condiciones, pues las chicas desde los catorce o quince años ya se maquillan, se ponen tacones y se perfuman; pero hay que tener en cuenta unas normas para que este día se perfile como único. Intentemos que la joven adopte porte de una auténtica princesa y, aunque antes haya infringido las antiguas reglas, parezca una señorita con mayúsculas.

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VESTIMENTA:

La protagonista de la puesta de largo vestirá de etiqueta, es decir, traje largo hasta los pies. ¿Cómo ha de ser este traje? Hay dos opciones elementales:

- Vestido largo (hasta los pies).

- Vestido de dos piezas, compuesto por falda larga hasta los pies y un cuerpo ligeramente escotado, bien palabra de honor o sin mangas.

Si refresca en el exterior, no cometa el error de ponerse un abrigo tres cuartos o un abrigo que deje asomar el bajo del vestido, pues no queda bien. Opte por un bolero, alguna chaquetita corta o un echarpe, siempre con la consulta de algún/na especialista en moda, pues esta última prenda contiene el peligro de anticuar a la persona si la elección no es la correcta.

Hay que subrayar que el primer vestido largo exige práctica, pues no es un atuendo que se lleve a diario. Es aconsejable aprender a caminar antes con esta falda que roza el suelo. Una pisada en el vestido puede provocar no sólo roturas de la tela sino también caídas nada agradables. Otra indicación importante es moderar los gestos y el comportamiento, de manera que vayan acordes con la indumentaria de este día. Recuerden que la elegancia no la provee el vestido, sino la actitud. Si conseguimos fusionar buenas maneras y belleza, el resultado será perfecto.

Colores:

La chica de la puesta de largo ha de optar por colores alegres, juveniles. Hay que huir del color negro o colores oscuros más acordes con edades más maduras (grises, marrones, etc.). Con dieciocho años hay que potenciar la juventud de la susodicha, pues ya tendrá tiempo de vestir seria. En cambio, el color blanco resulta ideal porque sugiere pulcritud y destaca sobre el resto. No es fácil ver vestidos blancos de fiesta porque muchas mujeres suelen adquirir este tipo de atuendos para celebraciones sacramentales (bodas, comuniones) en las que el blanco se reserva para la protagonista del acontecimiento.

A las chicas de cabello oscuro les favorece los tonos pastel, ya que generan contrastes y suavizan las facciones. Deben evitar el color rojo, cuya combinación da origen a un aspecto agresivo no adecuado para una chica tan joven.

A las chicas de cabello rubio les viene perfecto los colores vivos, rojo y azul oscuro. Estos colores ensalzan los rasgos faciales, pues los colores pálidos producen un efecto muy apagado en la mujer clara.

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OTRAS RECOMENDACIONES:

Contra más opulencia tenga el vestido, menos joyas y adornos hay que portar encima. De no cumplirse esta premisa, la muchacha parecerá un artificio. Si desea seguir la tradición, lleve sólo un collar fino de oro o de plata y no porte ningún anillo, pues el primero que ha de llevar una mujer es el anillo de compromiso. Esto es lo que prescribe el protocolo tradicional. El mismo permite llevar, en ocasiones, el anillo del escudo de armas en el dedo meñique de la mano izquierda. También se puede llevar un reloj fino tipo joya.

Se debe evitar el maquillaje excesivo; vamos a intentar explotar la belleza natural de la chica. No se trata de huir del maquillaje, sino de contenerlo. Lo mismo se puede advertir del peinado: opten por el cabello juvenil, es decir, cabello suelto, cola de caballo o un recogido flojo, pues el cabello tirante y en moño es más propio de señoras.

Como último consejo, es vital sentirse cómoda con el vestido seleccionado; que sea del agrado de la muchacha. Ante todo, la personalidad ha de decidir qué ponerse. Hay una variedad extensa en trajes de fiesta, de modo que les resultará más fácil elegir. Se cree que la moda genera imposiciones y esto no es cierto. La decisión de un atuendo u otro depende del sujeto, y si se circunscribe dentro de las tendencias mucho mejor.

Dejen que la moda les de pistas de lo que llevar, pero que prime, ante todo, la personalidad.

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Las flores de la novia

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El ramo de flores es uno de los atributos más representativos en una novia, tanto que, en la actualidad, intenta ajustarse a las tendencias en flores e, incluso, se procura que haya sintonía con el vestido. Con esto de la moda y con el devenir del tiempo, ambos renovadores de las tradiciones, el clásico azahar, flor por antonomasia de los enlaces nupciales, ha ido cayendo en desuso, en detrimento de múltiples clases de flores con sus más variopintos colores.



Las normas en las flores de la novia son sencillas, pero las que predominan y se toman como aceptadas constituyen el protocolo. Muchas costumbres que hoy están desfasadas han participado en la construcción del protocolo actual, pues hay aspectos que se han mantenido aun olvidando su significado inicial; todo ello en un intento de continuar la tradición. En este artículo vamos a hacer referencia a la impronta de  las flores en la novia y  su constatación en obras literaria antiguas para contribuir al entendimiento de su por qué.

Desde tiempos inmemoriales, la flor del naranjo, el azahar, ha sido símbolo de los enlaces matrimoniales. Esta bella y perfumada flor, frecuente en regiones templadas, fue trasladada por los cruzados desde Asia, de donde era originaria, a Europa. Ya antes, entre el azahar y el matrimonio se había forjado una alegoría: la floración del naranjo y su posterior fruto siempre se ha equiparado con los principales estadios del matrimonio, es decir, la felicidad y la fecundidad.  De esta manera, el azahar simboliza la fertilidad. Si a esto le  añadimos la leyenda de la mitología clásica que narra que el dios Júpiter le entregó a Juno una naranja el día de su boda, la relación entre el naranjo y el enlace matrimonial se estrecha cada vez más. Eso sí, el naranjo era conocido como el árbol de las manzanas doradas.

Hoy en día, esta ancestral idea de la fertilidad se ha mitigado, pues el matrimonio se sostiene sobre  otra serie de motivaciones, entre ellas el amor y el afecto. Pero existe otra serie de prácticas que simbolizan la fertilidad que todavía se dejan ver. Así, por ejemplo, en la Edad Media, era costumbre que dos niñas vestidas iguales (generalmente hermanas) presidieran el cortejo nupcial portando espigas de trigo que simbolizaban la fertilidad. Este mismo cereal era arrojado al aire por el rabino que oficiaba la boda en Israel como parte del ritual nupcial.

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La diadema de flores

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En tiempos remotos, la novia se cortaba el cabello cuando contraía matrimonio como señal de sumisión total al marido, quedando privada de los encantos propios de su sexo. Los egipcios suavizaron esta cruel práctica, de modo que, en lugar de cortar el cabello, éste era recogido tras la boda, lo que propició que las novias mantuvieran a partir de entonces su diadema de flores o la “corona gloriosa” durante la boda, según reza  el libro Curiosas Costumbres de Noviazgo y Matrimonio.

Y es que la diadema de flores de azahar ha sido un gran clásico en la indumentaria de la novia. Prueba de ello la encontramos en un fragmento de la obra teatral Bodas de Sangre, de Federico García Lorca:
Criada: “El azahar te lo voy a poner desde aquí hasta aquí, de modo que la corona luzca sobre el peinado. (Le pone un ramo de azahar)”. (Acto segundo. Cuadro primero).

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Origen de arrojar el ramo

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La costumbre de tirar el ramo la novia no es más que la versión moderna de tirar la liga, tradición recurrente en la Francia del siglo XIV. Esta práctica derivó después en tirar una de las medias (tirar la media), pero como no era una prenda fácil de quitar, se comenzó a arrojar, en su lugar, el ramo de flores. Actualmente, esta última operación persiste y se hace cuando la novia ya está casada, normalmente durante el banquete de bodas. La novia insta a las solteras a que se congreguen para atrapar el ramo, lo tira y se dice que quien lo consiga será la próxima en contraer matrimonio.

Otras novias optan por darle al ramo un uso de ofrenda a una virgen, un santo o al nicho de un familiar fallecido. Así, la Princesa Letizia Ortiz entregó su ramo de novia a la Virgen de Atocha por propia voluntad y deseo.

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Las flores de azahar en las bodas

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Las flores siempre han acompañado a las ceremonias de raigambre. A cada celebración le corresponde un tipo u otro, pues no es lo mismo la primera boda, invadida de flores blancas, evocadoras de juventud, que unas bodas de oro, caracterizada con rosas y pensamientos. Es tal la vinculación del azahar con la boda que, en un libro del siglo XIX, se describe que el azahar estaba presente en la mesa del banquete formando guirnaldas, en el pastel nupcial e, incluso, en las cabezas de los caballos. Uno de los fragmentos es éste: “Ramitos de flor de azahar, rosas blancas y mirto anudado con cintas de raso blanco adornan el ojal de la levita o frac de todos los servidores y la cabeza de los caballos de los coches”. (Baronesa de Staffe. La Elegancia en la Vida Social. Ed. Saturnino Calleja).


También hay otras flores muy frecuentes en el ramo de la novia, que son el mirto o arrayán, las rosas y los lirios, todos muy vinculados al sentimiento amoroso; pero es el azahar el que ocupa más contenidos y testimonios.
El ramo de la novia es tan importante que, sin él, la novia y su cortejo no puede partir hacia la Iglesia. La tradición manda que los contrayentes aquél día no pueden verse hasta reunirse en el templo, pero el novio ha de ser el que le haga llegar a la novia su ramo ese mismo día. De esta manera, deberá ingeniárselas para no ser visto o delegar a pariente cercano este propósito. Hay un fragmento muy acertado de la novelista Luisa María Linares que relata muy bien cómo sucede esto y las sensaciones que suscita:

“ – Adelante – dijo en respuesta a unos golpecitos dados en la puerta. Sin duda sería la doncella, que había entrado y salido varias veces. Pero nadie atendió a su invitación, y, poniéndose rápidamente la túnica, entreabrió una rendija, lanzando en seguida una exclamación alegre. Ninguna persona aguardaba fuera, pero a sus pies, sobre una profusión de verdes helechos, descansaba un artístico ramo de flores blancas que exhalaban un penetrante perfume. Miró a la derecha e izquierda (…). ¿Quién habría llevado aquellas flores hasta allí? Al agacharse para cogerlas salió de dudas. ¡Eran de Max! En un pequeño papal había escrito con su letra de caracteres enérgicos e inconfundibles: “Flores blancas para mi novia”.” (Linares, L.M., 1957, 188).

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Una vez la novia tiene en su poder el ramo, sale de su casa con el cortejo nupcial y no abandona sus flores salvo cuando tenga que emplear las manos para orar, intercambiar los anillos o sentarse.

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Noelia Tari

El significado del velo de la novia

Velo de novia

El velo de la novia es una de las prendas inmanentes de la tradición nupcial. De hecho, su presencia consta en las primeras narraciones sobre bodas. Su vigencia en la celebración nupcial es muy antigua, primitiva; pero ha perdurado hasta nuestros días, como muchos otros elementos nupciales.

El velo de la novia se incluye en el elenco de atributos tradicionales de la boda. Su significado actual dista notablemente del que tenía en un primer momento, pero su presencia ha continuado debido a la solemnidad que comporta el ceremonial del matrimonio.

La vinculación del velo con el casamiento se averigua al analizar la palabra nupcias (matrimonio). El vocablo nupcias procede del latín “nubere”, que significa “velo” y/ó “para casarse”, indicando que la mujer iba en la Antigua Roma cubierta de un velo para contraer matrimonio. Pero el velo de la novia no hay que situarlo sólo en época Romana, sino mucho antes. Se remonta a tiempos primitivos y, hasta no hace muchos siglos, ha estado ligado a la obediencia o a la sumisión. Y no sólo las novias portaban el velo manifestando su acatamiento, sino también las monjas como símbolo de sumisión a Dios. Es por esta razón por la que se las conoce como “esposas de Cristo”.

Pero aparte del servilismo que debía rendir la mujer al esposo, os citamos segundos significados del velo en otras culturas: En algunos pueblos árabes, los novios no se ven hasta el día del enlace matrimonia, y es ese día cuando el novio descubre el rostro de su esposa una vez le levanta el velo. Lo cierto es que esta costumbre de levantar el velo a la novia ha traspasado fronteras, aunque en el mundo occidental sí había conocimiento de quién era su contrayente. Aquí, en Europa, se ha consagrado la costumbre de descubrir el rostro de la novia para besarla tras el “puede besar a la novia”. Este beso tiene como significado el sello del amor y promesa de respeto. Ya en la Antigua Roma el beso se traducía como promesa, de hecho.

En el libro Vida Conyugal y Sexual (Moragas, V. y Corominas, F. Año 1964) se relatan dos significados del velo también muy en la línea de la sumisión: en Japón, la novia salía de su casa hacia el lugar de la ceremonia cubierta hasta los pies de un largo velo que simbolizaba un sudario. Este sudario significa que ha muerto para su familia, pasando a vivir sólo para y por el esposo. Tanto el velo como el vestido eran completamente blancos, color que simboliza el estado virginal.

De la Antigua Persia nos cuenta que la novia, el día de la boda, era conducida en camello o a pie (según las rentas) a casa del novio, e iba totalmente cubierta con un velo para evitar el mal de ojo.

El velo de la novia, de esta manera, no está exclusivamente reservado a las bodas canónicas (por la Iglesia católica), ya que ha sido una prenda común en todas las culturas. Si va a optar por una boda civil también podrá llevar el velo.

En la boda canónica, es costumbre que la novia salga de casa de sus padres (donde ha permanecido ese día para vestirse) con el velo encubriéndole el rostro. El velo lo portará así hasta que el sacerdote ordene el beso con el  proverbial “puede besar a la novia”,  que coronará la ceremonia. El velo, por lo común, lo descubre el sacerdote. Una vez que los novios se han besado como señal de unión, la novia permanecerá toda la jornada con el velo descubierto.

El velo de la novia y la cola del vestido, si son de longitud considerable y entrañan peligro de tropiezo, han de ser acicalados durante la boda por las damas de honor. Las damas de honor arreglarán el velo y la cola del vestido de la novia si se arruga durante su paso por la Iglesia, al sentarse en el presbiterio, al bajar del automóvil, etc. Harán las veces de doncellas de la figura más admirable de aquel día tan especial.

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© Noelia Tari

TRATAMIENTOS ECLESIÁSTICOS

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A la hora de referirse a una orden religiosa, resulta indispensable incluir delante su correspondiente vocativo o tratamiento, fundamentalmente si se hace por carta.

En este artículo les mostramos los tratamientos que se deben utilizar en la correspondencia al dirigirse a un cargo de la Iglesia,  los cuales son distintos en la dirección, encabezamiento, cuerpo y en la conclusión de la misiva.

Nota: con punto y coma separamos las diferentes opciones.

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  • AL SUMO PONTÍFICE (PAPA):

En la dirección: A la Santidad de Nuestro Señor el Papa Francisco I.

Encabezamiento: Beatísimo Padre; Santidad; Santo Padre; Santísimo Padre.

Cuerpo de la carta: Vuestra Beatitud; Vuestra Santidad; Su Santidad.

Conclusión de la carta: De Vuestra Santidad humildísimo siervo e hijo; Humildemente se arrodilla a sus pies y suplica a Su Santidad se digne a concederle su bendición apostólica.

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  • A LOS CARDENALES:

En la dirección: A Su Excelencia Ilustrísma y Reverendísima el Señor Cardenal (y nombre del Cardenal).

Encabezamiento: Eminencia; Eminentísimo Príncipe; Eminencia Reverendísima; Eminentísimo Señor

Cuerpo de la carta: Vuestra Eminencia.

Conclusión de la carta: De Vuestra Eminencia humildísimo siervo que besa su sagrada púrpura.

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  • A LOS PATRIARCAS, ARZOBISPOS, OBISPOS, ABADES MITRADOS Y PRELADOS SUPERIORES DE LAS CONGREGACIONES ROMANAS:

En la dirección: A Su Excelenecia Ilustrísima y Reverendísma … (el cargo y su nombre).

Encabezamiento: Excelentísimo y Reverendísmo Señor; Excelencia Reverendísma.

Cuerpo de la carta: Vuestra Excelencia; V.E (modo abreviado) Reverendísma.

Conclusión de la carta: De Vuestra Excelencia (Reverendísma) devotísmo; Respetuosamanete le saluda y b. s. a. p (y nombre del remitente).

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  • A LOS ECLESIÁSTICOS CONDECORADOS CON TÍTULOS PONTIFICIOS:

En la dirección: Al Ilustrísimo y Reverendísmo Monseñor … (el cargo y el nombre).

Encabezamiento de la carta: Reverendísmo Monseñor.

Cuerpo de la carta: Vuestra Señoría Reverendísma.

Conclusión de la carta: De Vuestra Señoría Reverendísma seguro servidor q. b. s. m. (abreviatura de “que besa su mano”).

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  • A LOS CANÓNIGOS DE LAS METROPOLITANAS Y DE LAS CATEDRALES:

En la dirección: Al Muy Ilustre Señor Canónigo (nombre).

Encabezamiento: Muy Ilustre Señor.

Cuerpo de la carta: Vuestra Señoría Ilustrísma.

Conclusión de la carta: De Vuestra Señoría Ilustrísma.

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  • A LOS CANÓNIGOS DE LAS COLEGIATAS, A LOS ARCIPRESTES Y A LOS PÁRROCOS:

En la dirección: Al Muy Reverendo Señor (cargo más nombre).

Encabezamiento: Muy Reverendo Señor.

Cuerpo de la carta: Vuestra Reverencia.

Conclusión de la carta: De Vuestra Reverencia.

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  • A LOS SUPERIORES GENERALES, PROVINCIALES Y VICARIOS DE LAS ÓRDENES MONÁSTICAS Y RELIGIOSAS:

En la dirección: Al Reverendísimo Padre (cargo más nombre).

Encabezamiento de la carta: Reverendísimo Padre.

Cuerpo de la carta: Vuestra Paternidad Reverendísima.

Conclusión: De Vuestra Paternidad.

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  • A LAS RELIGIOSAS:

Nota: aquí enunciamos el tratamiento de cada jerarquía.

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- A LA SUPERIORA Y VICARIA GENERAL: Reverendísima Madre.

Concluiremos con Devotamente la Saluda.

- A LA SUPERIORA PROVINCIAL: Muy Reverenda Madre.

- A LA SUPERIORA LOCAL: Reverenda Madre.

- A LAS HERMANAS: Reverenda Madre.

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